sábado, 25 de junio de 2016

LA DELICADA CUESTION DE LAS UNIONES SEXUALES

Al menos entre los hombres, y cada vez más también entre las mujeres bajo la cultura del bienestar de las uniones sexuales, la promiscuidad es percibida como algo deseable –ya sea porque se cree que el sexo es una fuente de salud o porque es vista como una marca de estatus (que satisface el deseo de ser deseado)… y entonces es necesario practicar.


Coinciden revistas como Cosmopolitan con publicaciones científicas de las más alta seriedad: el sexo como ejercicio, como detonador de cócteles neuroquímicos de relajación y cómo lazo emocional, es una especie de grial de bienestar. Por otro lado, no ejercer una sexualidad activa, en una sociedad ya no sólo bombardeada de imágenes sexuales (espectros libidinales), sino también de la información que ubicuamemente confirma ese bienestar a través del sexo, se revela como una patología psicosocial –una presión de participar en el gran banquete secreto que en nuestros tiempos se publicita.

Así para algunos esta ansiedad social parece no poder aliviarse sin sesiones maratónicas, de alto performance, con parejas que cumplan con el paradigma de lo sexy. El Eros, esa emanación celeste, primogénito del cosmos, se multiplica en el mercado y debe ser consumido (y consumado) por todos, todo el tiempo.

Con esta introducción no quiero acercarme a una especie de puritanismo, ni siquiera a una crítica de la saturación sexual de nuestra cultura y sus efectos, solamente ubicarnos, a manera de contrapunto, en un estado general de las cosas, no necesariamente exento de confusión. Sí, por supuesto, el sexo es una las actividades más importantes que existen en la vida de un ser humano –en un sentido biológico, la más importante. Pero esto no significa que todo sexo es “bueno” –como si fuera un mecanismo que automáticamente generara esos neurotransmisores de la felicidad que todos estamos buscando– y no me refiero con esto al desempeño o la habilidad amatoria necesariamente.

El caso es más complejo que, por ejemplo, hacer ejercicio y comer bien. Comer una zanahoria o hacer 20 lagartijas, generalmente producen resultados similarmente positivos. Tener sexo con una persona diferente o incluso con la misma en otro momento no suelen producir el mismo resultado. Aunque en la comida también pueden pulular una serie de fantasmas o psiquismos (como es el caso de algunos desordenes alimenticios), esta legión de fantasmas que alteran los resultados del experimento es mucho mayor en el sexo.

El coito casi nunca puede extirparse de la fantasía y de toda una carga de procesos mentales que en la más profunda intimidad de los cuerpos entrelazados parecen también compartirse. A la vez, aunque no sea fácil de cuantificar, los seres humanos contamos con un campo bionergético el cual se ve interferido por el contacto físico ). Aquí aclaro que el hablar de que el sexo es un intercambio de energía –más allá de la energía que ganamos o perdemos a través del ejercicio físico durante el acto– es sobre todo una intuición basada en lo que experimentamos cotidianamente.

Se abre una puerta difícil de cerrar si creemos en esto: el sexo es el máximo escenario de intercambio de energía al cual puede acceder el ser humano, y de su aprovechamiento depende en buena medida su estado energético cotidiano. (Hay que recalcar que este intercambio de energía sexual no ocurre solamente en el coito sino en todo tipo de interacciones, y puede cultivarse de diferentes formas).

El hecho de que existe un intercambio de información a través del sexo, queda constatado por investigaciones que muestran material genético de ex parejas puede heredarse a los hijos. Esto es altamente significativo y da sustento a esta teoría de intercambio de energía, puesto que en sistemas como el qi-gong o la misma física cuántica la información puede considerarse un constituyente básico que es capaz de afectar la energía de un sistema.

Es probable que experimentemos la sexualidad en proporción directa a la energía y a la conciencia que logremos cultivar. Tanto en el plano mismo del acto sexual como en als parejas que atraemos. Bajo esta luz, no resulta disparatado que muchas tradiciones esotéricas cultivaran un ascetismo sexual.

Esto es más que un celibato, un entrenamiento de la mente y el cuerpo en preparación al acto sexual y al encuentro de la pareja (grooming); la virginidad entonces tiene otra acepción, más que la negación del acto sexual, es la afirmación de la pureza del cuerpo (el templo) para recibir la energía del género opuesto (la búsqueda de una eclosión, de un estado floral). Aquí se fusionan el arte de la seducción con la magia y el yoga…

La búsqeda de un estado de conciencia más elevado requiere de un estado de energía elevado, el cual a su vez requiere del cuidado, la lustración del cuerpo (que es el vehículo para la percepción de dimensiones más sutiles). Este cuidado corporal puede ser alterado y perturbado por otras energías, por improntas y formas de pensamiento ajenas; tener sexo con alguien es de alguna forma unirnos a la persona con la que tenemos sexo.

Habría añadir, como excepción, que ciertas prácticas energéticas como el qi-gong cuentan con ciertos ejercicios para blindar la propia energía, formar una camisa de hierro invisible, para proteger el ki, pero estas son enseñanzas avanzadas, difíciles de amaestrar. Del otro lado de este espectro estarán quienes no sólo no intercambian energía sexualmente, sino sólo se alimentan, también a través de prácticas esotéricas de manejo de energía ligadas a la brujería y a una especie de vampirismo sexual.

Quizás sea oportuno recordar “las enseñanzas de Don Juan” , el legado recibido por Carlos Castaneda en su obra de antropología (o ficción). Ahí, el brujo yaquí le advierte en diversas ocasiones que para limpiar su energía y consolidar su esencia de “nagual”, Carlos debe recapitular y hacer una serie de ejercicios destinados a cortar los filamentos de energía que lo unen con sus parejas sexuales.

Esta idea de “cortar” los lazos que nos unen (como si fueran un pozo energético común) a una pareja es una constante en diversas tradiciones ocultas. Sugiere que existen conexiones por las que fluye energía entre una pareja (o también entre padres e hijos), y explica por qué en ocasiones ciertas relaciones parecen tener un drenaje más allá de que las personas puedan estar alejadas. En un ámbito epigenético podemos pensar que al tener sexo con una persona tenemos sexo con todas las personas con las que ha estado en menor grado de intensidad.

Es difícil explicar científicamente como funciona esta aparente conexión a distancia entre dos personas que han estado en contacto íntimo. Podemos aventurarnos y decir que tal vez pueda operar un mecanismo de entrelazamiento cuántico, un principio de la física que señala que cuando dos partículas han entrado en contacto permanece una conexión entre ellas pese a que puedan estar separadas millones de kilómetros: hay una reacción inmediata al estado en el que se encuentra un fotón en ese otro fotón al cual ha estado ligado. Este mismo principio es la base de la magia simpática que practican numerosas tribus en todo el mundo.

Por otro lado el poder de la cópula, esa unión de espejos en la epidermis de la luz, no debe de ser subestimado. El mismo Don Juan, con su formidable y aterrador sentido del humor, le dice en alguna ocasión a Castaneda que él es el resultado de una unión aburrida, y por eso debe de trabajar toda su vida para reestablecer su fuerza, encontrar su energía entera.
Aleister Crowley realizaba “misas sexuales”, bajo cierta alineación astrológica y usando una serie de invocaciones para entrar en contacto con entidades de otras dimensiones (lo que él llamaba “el santo ángel guardián”). Crowley famosamente rezaba en el momento del orgasmo, bajo el supuesto de que el “pequeño relámpago” potenciaba su intención. En el coito y en el instante del orgasmo confluyen la misma energía que dio origen al universo –podemos pensar, y esto puede ser un desafío y una responsabilidad, que el acto sexual es un microcosmos del Big Bang.

Mi forma de verlo es que (quizás como atavismo evolutivo de su función primaria) el sexo es casi siempre reproductivo. Evidentemente en muchos casos no se concibe un nuevo ser humano; pero siempre se conciben nuevos seres mentales (tulpas en el budismo), nuevas conexiones neurales (el sexo genera neurogénesis) y nuevas conexiones emocionales.

Lo sexual es lo que une a dos y hace un otro –y si bien esto no depende exclusivamente del coito, es ahí donde se vuelve más “creativo”, en tanto a que la intimidad, la cercanía de los cuerpos, permite una mayor fricción y fusión: un posible choque, una posible implosión de elementos. Si el ser humano es un pequeño universo, una especie de espejo de carne y luz condensada del cosmos, el paralelo entre el sexo sería con las colisión de estrellas en el espacio.

De estas colisiones estelares, sabemos hoy, se generan elementos pesados como el oro y la plata, los metales más preciados, símbolos de la elevación espiritual. En la energía de los opuestos que se arremolina se pueden gestar nuevos mundos, galaxias imaginales, paraísos secretos que pueden ser habitados aunque no tengan un lugar per se en el espacio material. De estos explosivos encuentros también se pueden gestar estrellas de la muerte, grandes agujeros negros, infámes cañerías y ductos de energía.

Lo que parece ser indiscutible es que el sexo es la gran arena de intercambio de energía: puede ser un atanor (athanatos: lo inmortal), el sublime horno de la alquimia de todas las eras que transmuta el cuerpo en espíritu o puede ser en el reverso de la magia el escenario de una profunda pérdida: el alma que se abisma en la materia, y el cuerpo es su tumba.


http://evolucionconsciente.org/la-delicada-cuestion-de-las-uniones-sexuales/

Por qué nos enamoramos de una persona, y no de otra

Cómo influyen la bioquímica del amor y de nuestra psicología a la hora de elegir pareja?





Rubios o morenos, altas o bajas. ¿Por qué nos gustan unas personas, y no otras? Varios factores influyen a la hora de elegir pareja, explica la psicóloga Ciara Molina, autora de «Emociones expresadas, emociones superadas», «Lo que hace que nos enamoremos de una persona y no de otra se debe principalmente a dos factores, por un lado lo que se conoce con el nombre de la bioquímica del amor, y por otro lo derivado del sistema de creencias (pensamiento), necesidades, gustos y experiencias personales que se complementen o asemejen con los nuestros. Es decir, comporta tanto un componente físico como psicológico», aclara. Pero, ¿qué es exactamente la bioquímica del amor? Según Molina, «se trata de todo un conjunto de reacciones emocionales que circulan por nuestro cerebro a través de toda una serie de descargas neuronales (biología) y de una concatenación hormonal (química). La interrelación entre ambos aspectos produce la sensación placentera que conocemos como el amor»

Pero la bioquímica no es la misma en todo el proceso amoroso, y según esta psicóloga, va cambiando a medida que la relación avanza, pudiendo identificar hasta cuatro fases:

1. Enamoramiento.

Es la fase más pasional del proceso, de un año o año y medio de duración, donde lo que predomina es el deseo sexual gracias a la producción y liberación constante de hormonas como la oxitocina o la vasopresina que contribuyen a la pasión. Dicha pasión inicial se caracteriza también por inhibir la serotonina (estabilizadora del humor y la ira entre otras cosas) y desactivar ciertas regiones de la corteza frontal que se encuentran implicadas en los procesos lógicos o de razonamiento, de ahí que tengamos la sensación de que vivimos el amor de una forma mucho más alocada e instintiva en estos primeros momentos.

Por otro lado existen sustancias químicas que captamos a través del olfato, las llamadas feromonas, que son producidas de manera natural para comunicar entre otras cosas el estado anímico y de salud o la disponibilidad o compatibilidad sexual.

2. Amor Romántico.

Desde el punto de vista de la bioquímica del amor es una fase donde la mayor concentración de funciones se encuentran en la zona del cerebro conocida con el nombre de área tegmental ventral de Tsai (ATV) que no es más que un grupo de neuronas implicadas en el sistema de recompensa natural del cerebro, el mismo que actúa en numerosas adicciones, por ello que sintamos en esta etapa como cierta obsesión por la persona amada. Dicha área es importante en la cognición, la motivación, el orgasmo y muchas de las emociones intensas que experimentamos en el amor, entre otras cosas. Esta parte del cerebro se encuentra en el llamado cerebro reptiliano (primitivo), que es el que tiene que ver con la supervivencia: comer, beber, mantener relaciones sexuales y sentir la necesidad de protección. Por lo que convierte al amor romántico como una necesidad casi imposible de evitar.

La principal actividad se encuentra en una serie de células que sintetizan la dopamina, sustancia relacionada con los cambios de humor, la euforia y la motivación por conseguir un objeto concreto, en este caso mantener la relación con la persona amada. ¿Por qué decimos que en cierto modo convertimos a la otra persona en una obsesión? Porque la combinación de norepinefrina y dopamina hacen que enfoquemos la atención sobre esa persona en concreto, y eso ayudado por los bajos niveles de serotonina hace que el pensamiento se vuelva repetitivo, obsesivo en parte.

3. Amor Comprometido.

En esta etapa del amor, empiezan a destacar aspectos más psicológicos del proceso, como la negociación de roles dentro de la pareja, la solución de los primeros conflictos, el aumento del compromiso de lealtad y la exclusividad como pareja. ¿Quiere decir esto que no existe pasión sexual? Sí existe pero deja de ser lo primordial, dejando paso a unas emociones mucho más relajadas, de satisfacción y bienestar, gracias a la segregación de endorfinas y encefalinas. Producen una gran sensación de felicidad lo que hace que la adicción al amor se mantenga.

4. Amor Compañero.

Y por último está el amor compañero, que no se da en todas las parejas, donde la pasión romántica y erótica se ve reducida normalmente por la falta de incentivos y la monotonía dentro de la unión. Al no tener tantas relaciones sexuales los niveles de oxitocina bajan, dando lugar a un amor más sereno, de asentamiento de la pareja, de compañerismo.

A modo resumen, indica esta experta, «podemos decir que el enamoramiento implica el deseo que se tiene sobre la imagen de la persona por la que te sientes atraído/a. Es común que en esta fase no racionalicemos lo que hacemos, nos dejamos llevar y queremos agradar por encima de todo. Cuando llega el amor, sin embargo, desaparece la idealización para dejar paso a descubrir lo que nos gusta y nos llena de la persona con la que compartimos la vida. Podríamos decir que entramos en una etapa de amor profundo y comprometido, en el que ambos miembros de la pareja se complementan, respetan y cuidan mutuamente».

Sistema de creencias
Pero el amor, concluye esta experta, no es sólo bioquímica, «ya que aunque nuestros sentimientos dependen, como acabamos de ver, de la actividad cerebral y la acción química de neurotransmisores y hormonas, existen otros condicionantes que favorecen el enamoramiento de una u otra persona». «Somos seres sociales y como tales nos relacionamos a todos los niveles, también cuando nos enamoramos. El amor es una emoción que se expresa a través de un sentimiento y se canaliza a través de una acción que guarda coherencia con nuestro pensamiento (sistema de creencias). Por lo que tendemos a fijarnos en personas que guarden relación con nuestra manera de ver la vida o nuestros gustos, aquello que nos haga sentir plenos. Una cosa es la reacción instintiva (química) sobre la que no tenemos control, y otra la parte más reflexiva y analítica que identifica si la persona por la que sentimos atracción nos complementa».

http://www.abc.es/familia-parejas/20150211/abci-feronomas-enamorarse-enamorados-201502051303.html

¿Por qué nos enamoramos de la gente que no podemos tener?

¿Qué mejor expresión del amor romántico existe que la de amar contra viento y marea a una persona que sabemos que jamás nos va a corresponder?


¿Qué mejor expresión del amor romántico existe que la de amar contra viento y marea a una persona que sabemos que jamás nos va a corresponder? Y, al mismo tiempo, ¿acaso hay algo más deprimente que amar contra viento y marea a una persona que sabemos que jamás nos va a corresponder?

Y aun así, pocos pueden presumir de no haberse visto atrapados en algún momento de sus vidas en ese tipo de callejones sin salida emocionales, agotadores y devastadores para el corazón y la mente. Por alguna razón, toda la educación emocional que hemos recibido no parece suficiente para evitarnos atravesar esta clase de calvarios. Y gran parte de culpa tiene el romanticismo y su defensa del sentimiento por encima de lo pragmático a la hora de conducirnos a estas situaciones.

Ya no se trata únicamente de que se sienta atracción hacia la gente equivocada (que al fin y al cabo puede presentar cualidades que nos resulten atractivas), sino que nos amargamos la vida persiguiendo a una persona que, por diversas razones –tiene pareja, no nos desea, o circunstancias externas la mantienen fuera de nuestro alcance– hacen imposible que comparta su vida con nosotros. Y, sin embargo, no podemos dejar de sentir esa irrefrenable atracción hacia ellas.

En teoría, este tipo de impulso amoroso entraría en contradicción con las visiones evolucionistas de las relaciones de pareja. Si, al fin y al cabo, el fin de toda relación es la conservación de la especie, resultaría muy poco adaptativo gastar tiempo y esfuerzo en intentar conquistar a compañeros que, por interesantes que puedan parecer, están inequívocamente fuera de nuestro alcance. Algo que entra también en contradicción con una de las razones por las que nos enamoramos a menudo que es, simple y llanamente (y por mucho que nos cueste reconocerlo) que nos hagan caso.

Dime cómo amas, te diré por qué huyes
¿Por qué nos enamoramos, en cualquier caso? El atractivo físico, la simpatía, la inteligencia de la otra persona influyen en un grado u otro, así como esos elementos intangibles (¡las hormonas!) que también determinan de quién caemos prendados y de quién no. En muchos casos, la llamada ansiedad afectiva juega un papel importante: aquellos que la sienten necesitan estar continuamente cerca de su objeto de deseo para reafirmarse, especialmente si su autoestima es baja. La negación de la posibilidad de dicha proximidad (física o emocional) haría que la ansiedad aumentase, incluso, como señalan los psicólogos Cindy Hazan y Philip R. Shaver, hasta niveles enfermizos, lo que aumentaría la necesidad de buscar esa satisfacción que sólo se obtiene mediantes la retroalimentación con la persona deseada.

Enamorarse de alguien inaccesible es una forma de evitar la intimidad amorosa
Aunque quizá haya que interpretarlo de la manera opuesta: que este tipo de impulsos amorosos tengan como objetivo, precisamente, mantener a la persona fuera de toda relación amorosa, que se percibe como potencialmente dañina. Una de las siete categorías de formas de amar diseñadas por Mario Mikulciner y Philip R. Shaver encajaría a la perfección con este tipo de personas: los evasivos, es decir, aquellos que por su miedo al compromiso evitan, a menudo de manera inconsciente, participar en cualquier tipo de relación, y que estarían representados por un 25% de la población.
Sin embargo, como afirma la doctora Linda Hatch en su blog, en muchos casos este tipo de relaciones llevan a los que las mantienen a vivir en ficciones ideales que, por su falta de realización, se mantienen para siempre idealizadas. “La cercanía con otra persona se convierte en algo que se percibe como peligroso”, indica Hatch. “Buscan relaciones en las que la otra persona las rechazará o las abandonará. Pero esto es una manera de sentirse ‘seguro’ de las vulnerabilidades de la intimidad real”.

El objeto amoroso como preciado tesoro
El análisis económico de las relaciones amorosas también tiene mucho que decir a este respecto, en cuanto que hace elevar, emocionalmente, el precio de la persona deseada. Si, como afirmaban el psicólogo Roy Baumeister de la Universidad de Florida y la profesora de marketing Kathleen D. Voss de la Universidad de British Columbia, podemos analizar nuestros comportamientos amorosos utilizando los mismos criterios que emplearíamos a la hora del analizar el mercado, nos encontraríamos con que el equivalente de una persona inalcanzable sería un objeto de lujo. Y, por lo tanto, tan valioso como difícil de conseguir.

Cuanto más inaccesible es una persona, más aumenta su valor
La lógica es sencilla: los recursos limitados elevan su precio y los recursos abundantes lo hacen descender (es decir, las mujeres son más cotizadas que los hombres en el mercado amoroso por su posibilidad de elección) ¿Y qué es más exclusivo que una persona completamente comprometida, que no se plantea la posibilidad de abandonar su relación? A los ojos del enamorado, dicha persona eleva su precio y, como ocurriría con un cuadro de Picasso, este crecería cuanto más tiempo tarde en salir a subasta.

El amor no correspondido como amor platónico
Otra de las visiones que puede explicar estos impulsos es la del “amor platónico”. En un sentido más estricto, dicho concepto debería aplicarse únicamente a las relaciones en las que no se produce ningún contacto sexual, aunque sí pueda existir una relación emocional. Hoy en día, sin embargo, dicha idea suele aplicarse más bien a esos amores imposibles y no correspondidos que, por pura necesidad, han de conceder más importancia a lo emocional y afectivo que a lo carnal. Un cambio en la terminología que seguramente se daba al rechazo generalizado que existe esa la idea del amor platónico que, implícitamente, identifica la castidad con la pureza del sentimiento amoroso.
Enamorarse implica un subidón de adrenalina al que pocos pueden renunciar.

En este caso, nos encontraríamos con una visión más filosófica del amor, más racional y alejada de las barreras psicológicas autoimpuestas. O quizá esa racionalización del impulso pasional no sea más que una manera de aliviar la ansiedad generada por la imposibilidad de ser correspondido en el amor. Por último, no hay que perder de vista que enamorarse implica un subidón de adrenalina (y otros químicos) para el enamorado, al mismo tiempo que un reto a superar. Y ya sabemos que hay personas que disfrutan de un reto más que de cualquier otra cosa. 

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013-07-29/por-que-nos-enamoramos-de-la-gente-que-no-podemos-tener_11688/

martes, 21 de junio de 2016

LA ENERGIA EN LAS OCTAVAS LEY DE SIETE


LA ENERGIA EN LAS OCTAVAS LEY DE SIETE

Todo en el universo evoluciona o involuciona en un incesante movimiento de energía. Según Gurdjieff las leyes que subyacen a este proceso universal de trasformación eran conocidas por la ciencia antigua, que asignaba al hombre su lugar apropiado en el orden cósmico.

En nuestra vida nunca llegamos a realizar lo que verdaderamente tenemos la intención de hacer Todos nuestros movimientos y nuestras acciones están sujetos a la Ley de Siete. Comienzan en una dirección, pero no pueden pasar el intervalo en la octava. Vamos hasta la nota «mi» y regresamos al «do». Para ir más lejos hace falta una fuerza adicional desde dentro y desde fuera. Actualmente, es la cabeza, el pensamiento, el que está tocado por el trabajo. Al cuerpo y al sentimiento le es indiferente 
y no reconocen ninguna exigencia mientras estén contentos. Viven en el momento mismo y su memoria es corta. Y sin embargo, el deseo de ser, de trabajar, debe venir del sentimiento; y el poder de hacer, la «capacidad del cuerpo. Cada una de estas partes separadas tiene una atención diferente, cuya fuerza y duración dependen del material que hayan recibido.

La parte que ha recibido más material tiene mayor atención. Creemos que podemos trabajar sin intensidad, pero esto no traerá cambio alguno. Hace falta aumentar la intensidad de las vibraciones de los centros inferiores para tener un contacto con los centros superiores.

Los centros, que vibran con una velocidad diferente, deben alcanzar la misma velocidad. Se debe proceder, como en una octava, por niveles; aprender a sentir la distancia entre las energías y que ellas sólo pueden aproximarse a través de una intensificación. Lo que es necesario, tanto en nosotros como a nuestro alrededor, es la creación de una energia más activa que resista a las influencias de su entorno y que pueda encontrar un lugar estable entre dos corrientes de diferente nivel.

Hasta sin un esfuerzo consciente, el cuerpo produce una energía, una materia, muy fina, el resultado final de la transformación del alimento que Gurdjieff llamaba «si 12». Ésta es la materia a partir de la cual trabaja el sexo y es ella la que, en la unión de las materias masculina y femenina, puede desarrollarse independientemente como un nuevo organismo. Pero puede también formar parte de una nueva octava dentro del cuerpo. 

Cuando todas sus células están penetradas de esa materia, produce una cristalización, la formación de un segundo cuerpo. La vía del hombre ladino —el camino acelerado de eso que Gurdjieff llamaba «haida yoga»— incluye el empleo de la energia «si 12» con el fin de producir el contacto entre los diferentes centros y la edificación de los cuerpos superiores. Gurdjieff nunca habló de manera explícita sobre este delicado trabajo, no dio ninguna indicación, pero hay una clave a ser encontrada.

Por ejemplo, esa fricción en nosotros, ese conflicto que se requiere para producir la sustancia necesaria para nuestro «Yo», es idéntica a lo que sucede exteriormente entre la fuerza masculina y la fuerza femenina en acción. El poder de «si 12» es evidente en la experiencia de la unión sexual, que para la mayor parte de las personas es la única experiencia que permite la apertura a un estado de unidad sin esfuerzo consciente.

El ritmo de todas las funciones está sometido a esa experiencia y hay un instante de felicidad cuando uno experimenta la ausencia del yo. Sin embargo, con demasiada frecuencia buscamos el olvido de sí en esa pasión intensa, una identificación en la cual podemos perdemos por completo.

Pero inmediatamente después, el «yo» reclama sus derechos y regresamos al círculo estrecho de nuestros pensamientos y emociones ordinarios. Sin una comprensión de las fuerzas en juego, la experiencia no sirve a ningún propósito en la búsqueda de la conciencia.

https://eneagramacuartocamino.wordpress.com/category/ley-de-siete/

EL ENEAGRAMA: Ley de Tres

EL ENEAGRAMA: Ley de Tres


La ley de las tres fuerzas, Ley de Tres: En la enseñanza de Gurdjieff, todo fenómeno, en cualquier escala, desde lo molecular hasta lo cósmico en cualquier mundo, es el resultado de la combinación de tres fuerzas diferentes: la fuerza positiva (afirmación) la fuerza negativa (negación) y la fuerza neutralizante (reconciliación). La posibilidad de unidad depende de una confrontación de el sí y el no, y de la aparición de una tercera fuerza reconciliadora que pueda relacionar las dos. La tercera fuerza es una propiedad del mundo real: lo que Es y lo que Yo Soy.

Desde estos puntos de vistas hay dos formas de ley de tres la de todos los fenómenos y la intencional, son para reflexionar.

No se trata de andar llenando eneagramas. Lo interesante de esta disposición de los círculos es que  no es arbitraria. En ella se pueda ver que los tres círculos se conectan en los puntos de conexión 3- 6. En el interior de los círculos los triángulos marcados en celeste sus cúspides tocan el extremo del  triángulo dentro del círculo superior. Estos extremos 3-6 son la base del triángulo, estos lugares dentro de las octavas son los ingresos de alimentos eserales (del ser).

Otra parte que le confiere armonía a la forma es que juntos forman un triángulo mayor en el que quedan inscriptos remarcado en rojo, es decir son  totalmentecongruentes, es esto lo que le dá coherencia y estabilidad a la figura y al significado.

Desde el punto de vista del significado sería un entrelazado de la ley de tres, o la interpenetración tanto en la parte como en el todo. A su vez un todo independiente y se conforma una unidad más grande a su vez triplicitaria. Esta interrelación se establece con la práctica de los ejercicios o choques  que a su vez son una forma de generar la fuerza neutralizante o tercera de la ley de

tres creada en uno mismo.

El eneagrama: Un hexágono irregular,  un triángulo dentro de un circulo con nueve partes iguales, expresa la ley de tres y la ley de octavas. Gurdjieff decía que es un símbolo universal que muestra las leyes internas de una octava y proporciona un método para conocer la naturaleza esencial de cualquier cosa examinada en sí misma. El círculo cerrado representa la existencia aislada del fenómeno y simboliza un proceso de eterno retorno y flujo ininterrumpido

“Este símbolo toma la forma siguiente:

“El circulo está dividido en nueve partes iguales. La figura construida sobre seis de los puntos

de división tiene por eje de simetría el diámetro que pasa por el punto superior. Este punto es

la cima de un triángulo equilátero construido sobre los tres puntos situados fuera de la primera

figura. Si tomamos una unidad como una nota que contiene en sí misma una octava entera, debemos dividir esta unidad en siete partes desiguales correspondientes a las siete notas de esta octava. Pero en la representación gráfica, la desigualdad de las partes no es tomada en consideración, y para la construcción del diagrama, se toma primero una séptima, después dos séptimas, después tres, cuatro, cinco, seis y siete séptimas. Si calculamos las partes en decimales, obtenemos:

1/7 0 , 1 4 2 8 5 7…

2/7 0 , 2 8 5 7 1 4…

3/7 0 , 4 2 8 5 7 1…

4/7 0 , 5 7 1 4 2 8…

5/7 0 , 7 1 4 2 8 5…

6/7 0 , 8 5 7 1 4 2…

7/7 0 , 9 9 9 9 9 9…

Si examinamos la serie de decimales periódicos así obtenidos, veremos inmediatamente que en todos, excepto el último, se repiten las mismas seis cifras, que cambian sus sitios según una secuencia definida; de modo que, cuando se conoce la primera cifra del período, es posible reconstruir el período entero.

Si colocamos ahora sobre la circunferencia los nueve números del 1 al 9 y conectamos sus puntos correspondientes por líneas rectas según el mismo orden de los números del período que está determinado por el número del cual partió, obtendremos la figura que se encuentra en el interior del circulo. Los números 3, 6 y 9, no están incluidos en el período. Ellos forman el

triángulo separado — la trinidad libre del símbolo.

El triángulo 9-3-6, que une en un todo los tres puntos de la circunferencia no incluidos en el período, conecta la ley de siete con la ley de tres. Los números 3-6-9, no están incluidos en el período; dos de ellos, 3 y 6, corresponden a los dos intervalos de la octava.

La ley de octava (la ley de siete): toda materia en el universo consiste en vibraciones que descienden hacia la manifestación de la forma (involución) o ascienden en un regreso hacia la fuente sin forma (evolución). Su desarrollo no es continuo, sino que se caracteriza por aceleraciones y retardos periódicos en intervalos definidos. Las leyes que gobiernan ese proceso se encarnan en una fórmula antigua que divide  el período  en el cual una vibración se duplica en ocho pasos desiguales que corresponden a la proporción de aumento en las vibraciones. Ese período es llamado octava, es decir compuesta de ocho. Esa fórmula subyace en la base del mito bíblico de la creación del mundo y de nuestra división del tiempo en días laborales y domingos. Aplicada a la música, la fórmula se expresa en la escala musical do-re-mi-fa-sol-la-si-do, con semitonos faltantes en los intervalos mi-fa y si-do. El movimiento interior hacia la conciencia  requiere de choques conscientes de esos dos intervalos para poder proceder a un nivel superior, es decir una nueva octava. Como sabemos en Relatos de Belcebú a su Nieto G urdjieff desarrolla su propio lenguaje a la Ley de siete principios le llamó Heptaparaparshinoj  sagrado: Ley de  Hepta (siete)

Stopinders» o «centros de gravedad» de la Sagrada ley fundamental Cósmica Común de Heptaparaparshinoj y a cada uno de los semitonos antes mencionados

Mdnel –in: puntos de choques

Mdnel – out: puntos de choques

 El trabajo con los choques es lo que activa el curso de la ley de siete en el lugar de los semitonos, sea como sea la idea es promover la consciencia, que solo la tenemos en stand by, desde este punto de vista su explicación es sencilla, cada vez que uno ponga un instante de intención consciente estará reviviendo, reavivando su potencialidad dormida. Secretos de la figura sí que los hay, pero hoy priorizamos el ponerse a hacer. Es cierto también que no están tan ocultos, sólo que para el real saber hay que conocerse a sí mismo. Esto tiene una clave y es que está basada en la búsqueda de uno, cada vez que Uno abre una puerta se abren dos. Al trabajo Consciente Gurdjieff le llamó enn Relatos de Belcebúa a su Nieto: partkdolgdeberes eserales, que son aquellos ejercicios conscientes, razonamiento activo tomado como deber del ser, para que no funcione en automático. Compromiso con uno mismo. Conocer por sí mismos mediante reflexiones  juiciosas, convicciones eserales subjetivas que son fruto de su propia reflexión lógica – tal cual como no ocurre en la mayoría de los seres tricerebrales- que dependen de  las convicciones eserales de la opinión de los demás.

https://eneagramacuartocamino.wordpress.com/2012/08/08/2145/

viernes, 17 de junio de 2016

NATURALEZA HUMANA

Normalmente nos consideramos a nosotros mismos entidades limitadas y separadas, un cuerpo y una mente nacidos en un mundo que ya existía; pensamos que nos movemos hacia delante en el tiempo, negociando las circunstancias en un intento de obtener la paz, la felicidad y el amor que anhelamos, mientras envejecemos continuamente y estamos destinados, al final, a morir.

Sin embargo, nuestra naturaleza esencial es, ella misma, puro ser, pura presencia consciente, que ni reside en el cuerpo ni en la mente ni depende de ellos. No va ni viene; no nació ni va a morir. Está eternamente presente ahora, y la paz, la felicidad y el amor son su mismísima naturaleza.

Rupert Spira

domingo, 12 de junio de 2016

LA CLAVE DEL AMOR

LA CLAVE DEL AMOR

Se trata de una caída, sin duda. De la caída de una historia. De la caída del pensamiento. De la caída del tiempo mismo…

Y sin embargo, el ‘yo’, realmente, no puede caer rendido en el amor. Es el 'yo’, la identidad construida por la mente, lo que cae… y lo que queda es el amor mismo, un amor que no tiene nombre, un amor universal e incondicional, un amor que está siempre presente, aunque sea pasado por alto por el buscador que persigue algo llamado 'amor’.

Jamás te enamoras de otra persona, porque en realidad nada puede estar fuera de ti. La apariencia de otra persona sólo te invita a recordar tu propia presencia amorosa, te invita a entregarte profundamente al momento, te invita a abrazar y aceptar el sitio en donde estás parado, te invita a abrir tus ojos a la vida.

Hay un período de luna de miel, un lapso de tiempo en el que el otro nunca se equivoca. En donde el otro no es ningún 'otro’, para nada, porque todas la fronteras imaginadas se han desvanecido. Se trata de un súper humano, de un ángel, de un dios. Esta persona irradia energía, piensas en ella todo el tiempo y sólo quieres estar en su presencia constantemente, sueñas con envejecer juntos, todo de ella te resulta fascinante, te encanta. Ya no estás contigo mismo - estás con esa persona. No podrías incluso imaginarte separado de ella. Ya no hay soledad, sólo hay un 'estar juntos’. El sueño del 'yo’ se ha convertido en el sueño de un 'nosotros’. Es un sueño en verdad hermoso, sin duda, mientras dura.

Pero muy pronto el 'yo’ vuelve, con sus esperanzas y temores, con sus deseos, planes y expectativas. El amor - el despertar de los ojos - ya no resulta suficiente para el 'yo’. Ahora quiere algo diferente a lo que está presente. Quiere un futuro, una seguridad, promesas y verdades a medias. Cualquier cosa que le ayude a evitar ser consciente de que su ser amado puede desaparecer, o cambiar, o irse, en cualquier momento. Cualquier cosa que le evite estar solo. Cualquier cosa que le ayude a evitar la destrucción de ese 'nosotros’.  


El 'yo’ no comprende el amor, su naturaleza no-posesiva, la forma en que deja en libertad al otro, libre para honrar su preciosa soledad. El 'yo’ quiere poseer al otro, hacerlo 'suyo’, incorporarlo en su 'yoidad’. Quiere un futuro, quiere SABER. Le pone condiciones al amor. Y teme la pérdida del otro, teme el término de la 'relación’, teme el cambio. Cuando hay miedo y control, y condiciones, y amenazas implícitas, puedes estar seguro de que el ego se ha apropiado del amor.

Porque el ego sólo es capaz de ver comienzos y finales, y el amor no conoce nada de eso.

'Me llenan de amor, y se lo pueden llevar’ - la ilusión más grande de todas, responsable de tanto drama, de tanto conflicto y miserias, tanto interna como externamente. Nadie puede traerte amor ni tampoco retirártelo. Nadie puede completarte ni tampoco hacerte incompleto. Y lo olvidamos tan fácilmente…

El amor libera, el ego dice: esto es 'mío’. ¿Y acaso esto está mal? ¡No! También esto es parte de la vida, y debe ser honrado profundamente. Pero para aquellos que están interesados en la verdad, para aquellos que ya no están dispuestos a cerrar sus ojos a la realidad, la honesta exploración del amor muestra la clave.

- Jeff Foster

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