Si la gente pudiera vivir en su esencia, un tipo de hombre siempre encontraría al tipo de mujer que le corresponde, y nunca habría una conjunción equivocada de tipos. Pero la gente vive en su personalidad que tiene sus propios intereses, sus propios gustos. Éstos no tienen nada en común con los intereses y los gustos de la esencia. En tal caso, la personalidad es el resultado del trabajo equivocado de los centros.
Por esta razón, puede no querer lo que la esencia quiere — y querer precisamente lo que la esencia no quiere. Es así como comienza el conflicto entre la esencia y la personalidad. La esencia sabe lo que desea, pero no lo puede explicar. La personalidad no quiere ni oírla y no toma en cuenta para nada sus deseos. Ella tiene sus propios deseos, y actúa a su manera. Pero allí termina su poder. Después de esto, de una u otra manera las dos esencias, la del hombre y la de la mujer, tienen que vivir juntas. Y se odian. En este campo, no hay comedia posible; de todas maneras, es la esencia, el tipo, que finalmente toma el mando y decide.
"Y en tal caso, nada se puede hacer ni por la razón, ni por el cálculo. Ni por «amor», porque en el sentido real de la palabra el hombre mecánico no puede amar — en él, ello ama o ello no ama.
G.I. Gurdjieff.

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