lunes, 2 de mayo de 2016

El poder de la voz y el uso de palabras místicas

El poder de la voz y el uso de palabras místicas


Que los seres humanos tenemos un potencial co-creador de la realidad enorme lo hemos dicho ya en multitud de ocasiones, y es algo repetido por todas las enseñanzas de cualquier época y tiempo. Este poder nace de la capacidad de proyectar formas energéticas de diferentes vibraciones, sea a nivel psíquico o mental, a nivel emocional, o a nivel verbal, que “moldean” el entorno energético en el que existimos, para darnos la ilusión de la realidad que vemos. En este caso, vamos a profundizar en el poder de la palabra, la voz, y los sonidos que emitimos.
En culturas ancestrales abundan historias al respecto. De los rishis, o sabios de la antigua India, se decía que tenían extraordinarias habilidades, llamadas siddhis. Una de ellas era el vac-siddhi (vac=voz), por el cual cualquier cosa que el rishi dijera se convertia en realidad. Algunas veces, sólo con pronunciar una palabra, un rishi podía materializar un ejército completo, por lo qué, para estas tradiciones, la palabra pronunciada era considerada sagrada, poderosa e inalterable. En sánscrito, por ejemplo, el termino vac (voz), es a menudo considerado como sinónimo de la diosa Shakti, la energía creativa, el poder de manifestación, y, en diversas corrientes de antigua filosofía griega, puede hallarse un concepto similar en el concepto de Logos,que yo uso mucho en mis artículos si os habéis dado cuenta, como un sinónimo de grandes entes creadores. En realidad, el significado primario de logos es “palabra“, pero también significa principio creativo.
Relación entre voz y energía sexual
Si alguno ha leído las enseñanzas de Rudolf Steiner, quizás os suene que hacía múltiples indicaciones relativas al poder de la voz. Un aspecto que desarrolló particularmente es la relación entre la voz y los órganos reproductores, y, como consecuencia de ello, describe múltiples consecuencias concernientes a la evolución de la humanidad, por ejemplo, en la pubertad, cuando se desarrollan los órganos sexuales, y la voz de los adolescentes cambia de tono debido a la acción de la testosterona. En las mujeres, la alteración de la voz también puede observarse en la menopausia.
En la medicina tradicional china pueden hallarse diversas conexiones entre la energía sexual y la garganta. Por ejemplo, de entre todos los órganos, se dice que el riñón está relacionado con la energía sexual. Y en la garganta se encuentran las amígdalas, las cuales tienen forma de riñones. Cuando hay una liberación de “energía” por el riñón, a resultas puede haber una inflamación de la faringe (faringitis) o de las amígdalas (amigdalitis).
De hecho, Steiner consideraba que la importancia de ciertas partes del cuerpo se está desvaneciendo lentamente, mientras que otros órganos jugarán un papel cada vez más esencial en el futuro. Los órganos sexuales pertenecen a la primera categoría, mientras que la laringe pertenece a la segunda. Además, sabemos por enseñanzas como el taoísmo que la energía sexual y la energía que nos permite conectar con las partes más elevadas del ser humano, el espíritu, el Yo superior, etc., son fundamentalmente de la misma naturaleza, y que esta última no es otra cosa que una forma refinada y redirigida de la primera. Por ello, una gran parte de las enseñanzas relacionadas con la alquimia interior, enseñan a refinar y transmutar la energía sexual, para así generar los cambios necesarios para que la plenitud de nuestro Yo Superior y de todo aquello que en realidad somos, pueda ser permanentemente experimentada.
La función de la laringe
Mediante la voz expresamos nuestros pensamientos y nuestras emociones, haciendo que, lo que pensamos (en un plano o nivel mental), y lo que sentimos (en un plano o nivel emocional), pueda tomar manifestación en un plano físico. Posiblemente, en el futuro de la humanidad, la capacidad de la laringe para dar forma material a aquello que es aun solo una forma mental o emocional de un concepto llegará a ser excepcional, y que el poder creativo de la palabra se manifestará incluso en el plano físico: sólo con decir un sonido, se materializará el objeto correspondiente. Aunque las implicaciones parezcan de ciencia-ficción, el concepto no es, después de todo, diferente del vac-siddhi o poder creativo de la palabra que, de acuerdo con los textos sánscritos, los antiguos rishis hindúes dominaban a la perfección.
Palabras místicas
De todas las palabras místicas encontradas en las enseñanzas, rituales y simbolismo de varias escuelas místicas y esotéricas, los vocablos Aum, Om y Amén son los usados más frecuentemente y generalmente reconocidos.
Muy pocas personas que usan el “Amén” parecen comprender que están usando una palabra mística, cuyo uso es más o menos incorrecto y también poco comprendido. Aum, Om y Amén son palabras idénticas en cuanto a potencial creador, aunque difieran en su naturaleza lingüística. En los tres casos, el sonido de la “m” es de extrema importancia y al pronunciar las palabras no solamente debe ser enfatizada, sino también prolongada. El resto, la “o” y el “au” y la “a” son siempre idénticas en sonido. La palabra Amén debería pronunciarse como si se deletreara “Amn”, o realmente “Am”, y es una sílaba más bien que dos. Si fuera deletreada Ahmnpodríamos pronunciarla más correctamente porque la “a” nos daría un sonido claramente abierto, siendo un sonido de poder.
Sonidos de “poder”
Hemos de ser conscientes que el ser humano descubrió estas palabras, no se las inventó. Que fueran descubiertas mediante experimentos místicos o por “revelación divina” quizás no lo sabremos nunca, pero el hecho es que nuestros antepasados no seleccionaron arbitrariamente los sonidos de “ah” y “m”, sino que encontraron que estos en particular producían ciertos efectos dentro de su ser, de su aura y a su alrededor. El mero hecho de que en muchos países diferentes, separados y sin contacto unos con los otros, los nativos y culturas ancestrales adoptaran  de forma  independiente  sonidos  similares  en  sus rituales y cantos, para los mismos propósitos, nos da indicios de que hay un poder y una cualidad en estas vocales particulares, y en su pronunciación, que no tienen otras palabras.
Estos   sonidos   de   Aum- Om- Amén,   incorporan vibraciones de altas cualidades de  poder y de conciencia “cósmica”. Los mantras están repletos de ellos, no tenéis más que buscar unos cuantos en YouTube y los escuchareis. Muchas  otras  palabras  y  nombres  místicos los incorporan también, imbuyendo sus cualidades ocultas en vocablos como Rama, Padme, Omar, etc., (también presentes en mantras). Al intentar pronunciar estas palabras uno nota que se requiere un pequeño esfuerzo físico, y que, mientras se repite, la mente y el cuerpo adquieren una actitud relajada y de paz,  lo cual es una condición para entonarse con esos otros niveles de consciencia más elevada casi inmediatamente.
Influencia psíquica y energética
La pronunciación correcta de los sonidos anteriores imbuidos en el Aum, el Om o el Amén, por ejemplo,  tiene un efecto inmediato a través de los canales del sonido de la boca y la cabeza, sobre las glándulas pituitaria y pineal, y también sobre la tiroides. Estos efectos son transferidos físicamente a través del sistema nervioso simpático a todos los centros psíquicos del cuerpo humano. Por estas razones muchas personas, en meditación, comienzan su período de relajación y conexión con otros niveles de consciencia con la repetición de estos “aum”  u  “om”,  repitiéndolas  lentamente  varias veces,  tratando  siempre  de entonarlas en el tono correcto.
El Aum y la conexión con los diferentes reinos de la naturaleza
La palabra “aum”, es especialmente interesante, pues cada una de las tres letras que la componen tiene un poder y una importancia mística en sí misma. El sonido “a” está asociado con los poderes básicos de naturaleza física, del cuerpo y del mundo físico, y en consecuencia también se asocia al reino mineral. El sonido “u” está muy estrechamente relacionado con el reino vegetal, y con las glándulas pineal y pituitaria y tiene un efecto definido sobre ellas, pero solo cuando está asociada con la letra “a” (sola no lo tiene). En su pronunciación conjunta, la “u” debería ser muy suave y en la forma de “oo” dando un sonido que viene a ser algo así como  “ahoo”, con el acento en la “ah”, donde el “ah” se extiende ligeramente y termina con el sonido de “oo”. Esto es más difícil de escribir que de hacer por uno mismo, pero espero que se entienda.
Finalmente, cuando añadimos el sonido de “m” estamos extendiendo las vibraciones desde la punta de la lengua y potenciando los otros dos anteriores. Esta última parte está también asociada con el reino animal, siendo su sonido “base”. Con la prolongación de la “m” dentro de un largo sonido zumbante al final de la palabra, estamos añadiendo el significado de la “m” al conjunto, el cual siempre ha sido asociado en la literatura antigua con el espíritu, con el amor, con el desarrollo psíquico, con la omnisciencia, etc. Analizando todos estos factores vemos que la palabra es, después de todo, una forma de sintetizar vibraciones de la Creación en forma de sonido.
Siendo conscientes de su potencial
En todo caso, estas y otras palabras son literalmente creadoras, y manifestadoras de la realidad, influencian, cuando son bien usadas, el entorno energético y psíquico de quien las usa, y, por ello, en muchas tradiciones, solo son enseñadas cuando uno accede a grados altos e internos de diferentes escuelas iniciáticas. Quizás el ser humano en algún momento recupere el potencial de la voz en todo su esplendor, y aprenda a usarlo correctamente para crear un futuro común y mejor para todos, a partir del conocimiento de que, siendo todo energía, solo hay que hacerla vibrar correctamente para llegar a ver sus efectos a nivel físico en nuestra realidad.
Habíamos hecho, hace algunos artículos, una introducción al poder de la palabra y los sonidos místicos, un conocimiento que ha sido siempre usado por todos aquellos que sabían como despertar, activar, mover o concentrar las fuerzas de la naturaleza y el Kosmos (con K, tal y como habíamos definido su significado en elpost anterior) para un determinado fin. Las palabras son, pues, la herramienta para poner en marcha, a través del principio de resonancia, las fuerzas de la naturaleza y las dinámicas invisibles de las energías del ser humano. Vamos a ver ahora cómo y porqué.
Primero hemos de entender correctamente lo que significa “influenciar” estas dinámicas energéticas por medio de la voz y, para ello, hemos de volver a partir de la base de que todo es energía, en diferentes estadios de densificación y, por lo tanto, todo posee una vibración determinada. La frase bíblica de “en el principio fue el Verbo” es la manera más famosa y repetida de explicar este concepto.
Los seres humanos, gracias a nuestras cuerdas vocales, podemos crear y reproducir diferentes vibraciones en forma de fonemas. Si se conoce que fonemas, esto es, que combinación de sonidos emitir y usar, que tengan relación con las energías que se quieren poner en marcha, una persona puede, entonces, provocar efectos en lo invisible, en los planos y fuerzas que no se ven, pero que definitivamente están activas a nuestro alrededor (como lo está el aire, que no vemos, pero sentimos físicamente).
Entendiendo el fenómeno de resonancia
La resonancia armónica es la clave para que esto suceda. Y es algo fácil de experimentar y demostrar. Si tocamos un piano, en cualquiera de sus notas, el sonido emitido causará el mismo efecto energético en nosotros no importa en que octava lo toquemos. De igual manera, si tocamos por ejemplo un DO en una octava inferior, todos los DOs de las octavas siguientes vibrarán también. Este fenómeno no está asociado a la forma en la que el piano pudiera estar construido, sino que es un fenómeno que ocurre en la naturaleza, y es simplemente producto de una ley universal. Hace varios meses, en este artículo sobre el porqué se corresponden diferentes cosas entre si, ya nos adentramos en este principio de correspondencia y resonancia.
Otro ejemplo de la resonancia armónica lo podéis encontrar en la red si buscáis cantantes rompiendo copas de cristal cuando son capaces de cantar la misma nota que la frecuencia de resonancia del vidrio del que está hecho. Y, por supuesto, todos conocemos el efecto que la música tiene en nuestro cuerpo, donde podemos llegar a sentir literalmente en nosotros, por ejemplo, los sonidos graves de un tambor, o los diferentes efectos que tienen en la psique y en nuestro estado de ánimo la música clásica, el heavy metal o cualquier otro estilo musical. Simplemente, sus diferentes frecuencias resuenan con diferentes partes del ser humano y los activan, potencian, calman o modifican.
Las reglas de la resonancia
Las reglas de la resonancia que hay que tener en cuenta son simples, pero importantes. La emisión de una frecuencia de 100Hz, por ejemplo, tendrá un efecto resonante en todo aquello cuya frecuencia base sea de 200Hz, 300Hz, 400Hz, etc. La resonancia armónica siempre tiene efecto en todo aquello que vibra a un múltiplo exacto de la frecuencia original. Si un órgano de mi cuerpo tuviera una frecuencia de resonancia base de 400Hz, cualquier diapasón, canto, sonido o mantra que vibrara en un múltiplo de esa frecuencia me serviría para influenciarlo.
La segunda regla es que si emites dos frecuencias simultáneamente que se acoplan, obtendremos dos resultados, primero, una onda que es el resultado de la suma de las dos frecuencias, y segundo, una onda que es la diferencia entre ambas frecuencias. Por ejemplo, si emites un tono de 100Hz y otro de 130Hz, tendrás como resultado una onda de 230Hz y otra de 30Hz. Este efecto es muy usado en cosas como el Hemi-sync, audios y meditaciones cuyo propósito es la sincronización de ambos hemisferios del cerebro.
Finalmente, y esto es conocido por todos, las frecuencias se doblan con cada octava, es decir, el DO de una octava superior es justo el doble del DO de la octava precedente. Como comentario, algunas escuelas esotéricas sitúan el paso “energético” de las frecuencias que forman la materia y el plano sólido a las frecuencias de pura energía alrededor de la octava ochenta (80).
Usando la frecuencia adecuada para recibir y transmitir
Cuando uno oye una emisora de radio, tiene que saber que dial sintonizar para poder escucharla. De la misma forma, cuando uno usa sonidos místicos, mantras o palabras de poder, hay que saber que frecuencia es la correcta para que tengan el efecto deseado y sean “escuchadas” por aquello sobre lo que se quiere incidir (resonar con un plano u otro, activar un órgano del cuerpo específico, estimular un punto energético, etc.). Este es el tema más complicado de todos, pues los sonidos vocalizados y las palabras o mantras usados están compuestos por diferentes fonemas que pueden cada uno tener una frecuencia de emisión diferente, que depende de las diferentes consonantes y vocales que contenga. Si su pronunciación se hace distinta al tono exacto que es necesario para la activación de algún campo energético, cambia el punto de resonancia, y puede no funcionar, de ahí que, diferentes personas, entonando el mismo vocablo, tengan diferentes resultados y/o éxito variable en la conjuración de todo tipo de fuerzas, energías, entes y elementos.
En general, la forma en que se vocalice las consonantes determina el efecto a buscar. Por ejemplo, el sonido de la R refuerza al tono que tenga asociado (RRRRRRaaaaaaaa); la M tiene un efecto calmante (OOOMMMMMMMM); la L tiene un efecto de expansión de energía, especialmente afectando a los centros psíquicos del cuerpo, la B tiene efecto en la potenciación de esa misma energía, la C, K y Q tienen efectos resonantes con arquetipos y energías asociadas al conocimiento, y se considera que están relacionadas con energías ascendentes, evolutivas, mientras que la resonancia de la P, V y F tienen efecto en lo contrario, energías involutivas, descendentes, desde planos superiores hacía el plano físico. La combinación de estas consonantes en ciertos vocablos místicos varía según el propósito y aplicación en el que se quiera usar.
Además, al añadir las vocales a un mantra, un fonema o una palabra mística, lo que hacemos es modificar el nivel al cual estamos podemos influenciar, ya que la escala clásica de nuestras vocales: A, E, I, O y U, está determinada por las energías con las que resuenan en orden secuencial de los planos a los que afectan. La A es la vocal más baja, y la U es la vocal que alcanza mayor vibración y como tal, puede resonar o hacer resonar cosas en planos más altos.
Sonidos fijos y volátiles
Cuando creamos, mediante el lenguaje, vocablos y palabras, nos encontramos con lo que los lingüistas llaman sonidos “fijos” y sonidos “volátiles”.  Si uno pronuncia la vocal A, puedes mantener el mismo sonido hasta que te quedes sin aire en los pulmones y este no varia. Es un sonido fijo.  Si pronuncias un sonido donde se combina una vocal y una consonante, como AR, RA, OM, etc., el sonido completo no puede ser mantenido en el tiempo. Por ejemplo, en RA, la R se desvanece rápidamente y solo permanece el sonido de la A. Por lo tanto, se le llama un sonido volátil.
En las artes mágicas, los sonidos volátiles tienen un poder mayor que los sonidos fijos, y por eso se usan esas palabras místicas que os puse como ejemplo en elanterior artículo, como el OM, el AUM, el AMEN, el RAMA, etc. Huelga decir que este tipo de “poder” está imbuido en las palabras que salen de los órganos vocales del ser humano, por su capacidad de vibrar y retransmitir la frecuencia adecuada, con el tono y la energía especifica para producir un efecto resonante y concreto sobre un campo energético. Un sonido grabado en un CD no es capaz de activar fuerza alguna en plano dimensional alguno. Cuando la vocalización está bien hecha y, por ejemplo, se usa para activar ciertos centros psíquicos o partes del cuerpo físico, los efectos se notan de inmediato y, con la práctica, uno aprende a entonar las frecuencias adecuadas para obtener una sensación de calma, de bienestar, de armonía, para potenciar un chakra, para elevar su frecuencia de vibración, para sintonizarse con un nivel de energía concreto, etc.
En el siguiente artículo nos meteremos en los procesos de manifestación de la realidad a través del sonido, como nos dicen que hacían los antiguos rishis, y quizás comprendamos que, realmente, el vac-siddhi (el poder de crear a partir de la voz), es mucho más que un cuento mágico, y forma parte de la caja de herramientas latentes que todos poseemos, pero no conocemos, ni mucho menos usamos.
Os decía en un post anterior:
De los rishis, o sabios de la antigua India, se decía que tenían extraordinarias habilidades, llamadas siddhis. Una de ellas era el vac-siddhi (vac=voz), por el cual cualquier cosa que el rishi dijera se convertía en realidad. Algunas veces, sólo con pronunciar una palabra, unrishi podía materializar un ejército completo, por lo qué, para estas tradiciones, la palabra pronunciada era considerada sagrada, poderosa e inalterable.
¿Cómo puede ser esto posible? ¿Cuál es la mecánica detrás del vac-siddhi? Vamos a verlo ahora tras la introducción del artículo anterior al concepto de la resonancia armónica.
Cada cosa tiene su frecuencia
Imaginaros un piano extremadamente largo. Como sabemos, con cada nuevo DO, en cada octava que tuviera el piano, la frecuencia se dobla, dando lugar a notas cada vez de mayor y mayor vibración. En pocas octavas, cuando estuviéramos tocando el piano poco más allá de la quinta octava, no podríamos oír ya con nuestros sentidos el sonido emitido, pues quedaría fuera del rango auditivo de la mayoría de personas, aunque quizás aún algunos animales seguirían oyendo nuestro piano tocado en esas notas. Si seguimos tocando, pero moviéndonos cada vez hacía octavas más altas, llegaría un momento en el que, al pulsar la tecla, crearíamos un sonido que llegaría a perturbar las emisiones de radio, de televisión y de radar, causando interferencias en ellas. Si nos movemos a la octava 42 del piano, al tocar el DO estaríamos generando literalmente frecuencias altísimas en el aspecto del rojo y llegaríamos a generar calor. Si seguimos subiendo, llegará un momento en el que al tocar la nota DO estaríamos generando la frecuencia del hidrógeno, y si tocamos la nota LA estaríamos generando la frecuencia del oxígeno. Si llegamos a tocar correctamente ambas notas, superponiendolas en el orden, tono y con la energía adecuada ambas vibraciones, nuestro piano sería capaz de manifestar agua “mágicamente”.
Y es que todo lo creado, lo que vemos y lo que no vemos, no es más que la suma de ciertas notas en el teclado universal de la creación. Si queremos reproducir la creación de agua, o de un ejercito, según cuentan los textos orientales sobre los poderes llamados siddhis, tenemos que conocer la frecuencia exacta en la que aquello a ser creado existe en los niveles energéticos, y trasladar esa concordancia a las frecuencias audibles del sonido capaces de ser emitidas por el ser humano. Por el principio de resonancia del que hablamos en el post anterior, al pronunciar correctamente una palabra determinada que corresponda al agua, con la frecuencia, energía, tono y demás características adecuadas, por ejemplo, literalmente podríamos crear agua.
¿Puede todo el mundo hacer esto?
Evidentemente no. Ni aunque nos dieran un diccionario con todas las palabras de poder a cada uno de nosotros. ¿Porqué? Por qué todo depende del poder manifestador que tenga una persona según su propia frecuencia de vibración, lo que es lo mismo que decir que depende de su nivel evolutivo, de consciencia y de energía.
Una persona normal cuando habla es capaz de crear distorsiones en el aire, es obvio, de lo contrario no nos podríamos escuchar los unos a los otros (otra cosa es que nos entendamos), pero tiene poco o nulo efecto en los planos no físicos que vibran a frecuencias más altas. Por el contrario, aquellos cuyo nivel evolutivo ha alcanzado un cierto estado, sean iniciados, adeptos, o como diferentes escuelas los llamen, si que consiguen establecer e influenciar los niveles y planos no físicos superiores porque ellos mismos, a través de su sistema energético, ya han accedido por su propio desarrollo personal a la conexión con esos otros planos de forma consciente. De esta manera, cuando una persona altamente desarrollada habla, si que provoca repercusiones en los planos no físicos y, si sus palabras conectan, resuenan o están acordes a las frecuencias de lo que desee “activar”, podrá ponerlo en marcha y hacerlo “moverse” y descender a la realidad sólida. Acordaros de este otro artículo donde hablamos de como el plano físico siempre es el plano de los efectos,nunca de las causas, y como todo lo que se origina a nivel “terrenal” y sólido, ha tenido siempre un origen energético.
Cuando alguien con el nivel adecuado hace vibrar, con una palabra, a través de su voz y de la frecuencia correcta un arquetipo causal o mental, un bloque de energía emocional, o una forma etérica, la pone en marcha y la atrae hacía su manifestación física, y ese es el origen de las leyendas y mitos en los que figuras históricas hacían aparecer de la nada todo aquello necesario para cubrir sus necesidades y los de aquellos que les seguían. Si habéis leído el libro de Baird T. Spalding “Vida y Enseñanzas de los Maestros del Lejano Oriente” sabréis a lo que me refiero, pues dan numerosos ejemplos de antiguos monjes tibetanos alimentando grupos de personas sin tener nada a mano, más que el poder de materializar los alimentos desde el “éter”.
Quizás en algún momento de nuestro camino evolutivo, el ser humano llegue, en su totalidad, a los niveles de consciencia necesarios para tener el poder de manifestar con la voz formas causales, mentales, emocionales o etéricas, y comprobar así de primera mano este mecanismo. Personas individuales a lo largo de la historia lo han poseído y usado para el bien de muchos, y es posible que, en futuros momentos, otros muchos vayan empezando a comprender su uso y función. De momento, que sepamos que está ahí, latente, como parte de los procesos que rigen la interconexión entre los planos y dimensiones en los que todos tenemos entrelazada nuestras existencias



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