No podemos protegernos completamente del cambio.
Desde el flujo incesante del cosmos de tus más íntimos pensamientos y sentimientos personales, hasta la contracción y expansión del misterioso e inmenso universo, todo está sujeto al cambio y a la decadencia, y la posibilidad de la pérdida está, de alguna manera, “integrada” en la existencia. Como dice Eckhart Tolle, “Incluso el Sol morirá”.
Y ya sea que la pérdida aparezca lenta y predeciblemente o de manera inesperada, de cualquier forma es inevitable y nunca está bajo nuestro control directo, sin importar que pensemos lo contrario. Abrirse a la vida significa abrirse al cambio y a la posibilidad de una pérdida en un momento dado. Este es un duro golpe para el “ego” separado imaginario, que siempre ha creído tener todo bajo control.
Reconocer que no tenemos el control de nuestras vidas puede llegar a provocar un gran temor existencial, pánico, e incluso un colapso depresivo. Podemos huir de ese miedo y mantenernos al margen de la vida, adormecernos y protegernos dentro de una burbuja de conceptos y creencias ciegas con la ilusión de cierta seguridad; o bien, podemos romper esa inercia, contravenir el sistema, volvernos locos por fin, decir SÍ a la experiencia, sumergirnos directamente, sin protección alguna, dentro del núcleo del miedo y la gran incertidumbre, y dentro de ese núcleo lleno de vida descubrir la clase de seguridad que no tiene forma y que siempre estuvimos buscando en el mundo de los “eventos” y las “cosas”. Esta es la paz que sobrepasa todo entendimiento, el inagotable amor que se expulsa a sí mismo, fuera de sí mismo, para crear galaxias…
Constantemente somos invitados a abrirnos radicalmente a la vida con toda su inconsistencia, su transitoriedad y fragilidad, y a permitir que nuestros preciosos y asustados corazones se rompan completa y absolutamente, reconociendo muy bien que todo aquello que amamos, que apreciamos, y ciertamente todo lo que poseemos, se desvanecerá y se convertirá en cenizas y polvo.
Pero eso, exactamente eso, es también una razón para alegrarnos: la impermanencia hace que el mundo sea santo. Todo se vuelve inmensamente sagrado. Sin el cambio, sería imposible la gratitud. Sin el desequilibrio no podría haber equilibrio. Una caricia, un beso, una silla rota, una flor de invierno, una punzada de miedo, un corazón de manzana tirado en el suelo, un secreto revelado repentinamente, un diagnóstico inesperado, todos son recordatorios de que estamos vivos en medio de un inmenso e indescifrable misterio.
Aquí no se requiere de ningún gurú - el cambio contiene en sí mismo toda la inteligencia del universo, y siempre estamos siendo invitados a poner nuestra atención en él, una y otra vez, como si fuera la primera vez, sin importar la forma o la intensidad con que se presente.
El cambio - en nuestras relaciones, en nuestros pensamientos y sentimientos, en nuestro trabajo, en nuestro cuerpo, en nuestro planeta como un todo - podría resultar doloroso, pero de ninguna manera es un error. Es la ley universal, es el sabio y ancestral maestro.
Y en medio del cambio incesante de nuestra vida, y en medio de la dolorosa confusión de un corazón recién hecho trizas, podemos encontrar ese silencio inmutable, familiar, que penetra el universo y que hace que las aves canten en verano, y descubrir que esto fue siempre nuestro verdadero ser, perfectamente disfrazado de “algo más”.
El cambio nunca ha sido nuestro enemigo - siempre ha sido la sangre que corre a través de nuestras venas, aquello que nos lleva hasta lo más profundo del inefable misterio.
- Jeff Foster
http://la-danza-de-la-nada.tumblr.com/post/159130963153/al-filo-de-la-navaja

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